domingo, 26 de enero de 2014

Los gusanos en mi boca



Los gusanos en mi boca
Por: Miriam Vaca
El corto feriado, pretexto para salir de vacaciones, me trajo un escandaloso descubrimiento, claro que antes ya lo había visto en televisión escuchado a mi aventurera hermana. Jamás pensé atreverme a probar tal manjar.
El mayón o chontacuro, es el gusano que crece en las diferentes palmas de la amazonia ecuatoriana, se los cocina al carbón, en brocheta pero también se los consume crudos. La provincia de Napo, donde no hace mucho se explota el turismo, guarda además un poderoso legado cultura , que captura la retina por todos lados. Desde las numerosas tiendas de artesanías, que ofrecen tejidos y vasijas de diversos colores hasta la visita a la comunidad indígena de Misahuallí, todo es un examen por otra cultura y lugar. Lo mismo puedo decir de la gastronomía
Ligia Tapuy lleva casi treinta años dándole sabor a todo tipo de  carnes en especial el chontacuro, el secreto es un poco de sal en grano y una buena hoja de bijao. Ya desde la entrada a de Misahuallí, las parrillas con estos gusanillos no faltan en cada esquina. El puesto de Ligia consta de apenas de un azadón y una mesa en la que reposan dos bandejas: la de la izquierda contiene un cerro de los bichos, tan pequeños que de reojo parecen una cascada de salchichas blancas, la de la derecha guarda las hojas destinadas a servirlas.
Lo que en territorios ajenos sería una plaga, en el Oriente ecuatoriano es una tradición. Me acerco y pido una brocheta, creo que será la mejor forma de degustar este plato desconocido. Hace unos meses vi en televisión el programa del chef viajero Anthony Bourdain; el degustó la brocheta también, tal vez no en el mismo lugar que yo pero Misahuallí también fue sin duda su elección.
La señora Tapuy no conoce al Bourdain, pero sabe reconocer los paladares desconcertados,  ciertamente su sonrisa amable sabe suavizar la tensión de la no muy agradable apariencia de la brocheta, nos da la fuerza para el primer mordisco mientras nos cuenta como les da sabor con su receta.
-la gente prefiere comerlos asados pero a mi me gustan cruditos solo con las sal- dice mientras los sirve acompañados de yuca, tomate y cebolla.
El primer mordisco es también el único, para evitar arrepentimientos. Ciento un crujido como de hojarasca pero después se vuelve muy suave y jugoso, el sabor se adueña de la boca, al igual que su textura.
-Es como morder un camaron, pero de otro sabor
-Este rico- dice mi compañera con sorpresa.
La gente en esta parte del país está orgullosa de su cocina. El chontacuro se transforma en un grueso gusano, luego de ser depositado en el corazón de un árbol de chonta, por un escarabajo negro que trae en sus alas los huevos que en el futuro se convertirán en larvas. Ciertamente este alimento es uno de los favoritos no solo de los indígenas debido a su alto contenido proteínico sino también de quienes buscan una nueva experiencia culinaria. El clima y la escasez de comida pone de cabeza la cadena alimenticia, comer un insecto nos resulta más extraño que ingerir un vegetal infestado de transgénicos. Una vez terminado este manjar platicamos de la experiencia. Claro que me agradó el sabor, pero debo decir que la experiencia como única y anecdótica me agrada sin embargo no creo poder volver a intentarlo.



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